
No sé leer dos líneas como crítico,
tan sólo sé leer a lo poeta,
dejándome fluir dentro del ritmo
que en fila india tras sí dejan las letras.
Y así, pensando en nada siento en otros
como si en otro fuera en armonía
y puedo ser, quien dice, puro aleph,
tan solo la palabra o un anillo,
un rayo que no cesa y hasta un olmo
hendido, viejo y en su mitad podrido.
La entrega es poderosa, justa y sabia,
no pienso en si me gusta lo leído,
olvido los análisis, las formas,
los tropos, la estructura, lo omitido.
El alma sabe, intuyo, más de lo que
el pensamiento estático, dormido
por la moda, las ventas, por el siglo,
pretende permitirnos que creamos.
Mi método es sencillo, si no vibro,
con sosiego, con calma, cierro el libro.